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París

Volver después de vivir ocho meses en París

Irene Corchado

Nota del editor: Helen ha vuelto hace poco de París. En este artículo analiza su experiencia en la ciudad del amor y las luces.

París

«Cuando llevas mucho tiempo idealizando de forma romántica un sitio y finalmente vas, el noventa por ciento de las veces te das cuenta de que estabas equivocado».

Tras el retorno de mis ocho meses viviendo en París me noto cada vez más nostálgica. Llevo varias semanas ya de vuelta en mi pequeña ciudad de Inglaterra y aún anhelo los sonidos de la ciudad, sus bulevares y sus extravagancias. Anhelo incluso los malditos trayectos diarios en un frío de mil demonios que, en lo que parecía apenas unos segundos, se transformaba en un calor sofocante.

Normalmente, cuando llevas mucho tiempo idealizando de forma romántica un sitio y finalmente vas, el noventa por ciento de las veces te das cuenta de que estabas equivocado. París estuvo a la altura de todas mis expectativas románticas. Darme cuenta de que me habían dado la oportunidad de hacer algo que había sido inalcanzable para mí me abrumó mucho más de lo que podía imaginar.

Con esta sensación de abrumador nerviosismo y curiosidad intenté llevar un estilo de vida que no podía permitirme. Bebí en bares de los Campos Elíseos, cuyas tiendas vendían bolsos que costaban más de mi alquiler mensual. Fui en taxi de un sitio a otro y aprendí a aceptar que solo en mis mejores sueños podía tomar algo por menos de cinco euros. Era como si hubiera aprendido a adoptar una forma de pensar diferente, una forma de pensar que me unía a la cultura que, aunque no demasiado alejada de la mía, me hacía sentir cada vez más a gusto de lo que me haya sentido aquí.

Me entristece pensar que ya no puedes considerar tu casa el lugar en el que has crecido. Después de volver sentí el vacío que se siente justo después de terminar una relación. Durante los meses que pasé en Francia, París se convirtió en algo más que una ciudad para mí. Se hizo persona, comparable a alguien con el que a menudo compartes tu cama y algunas noches me levanto agitada buscando a tientas algo que ya no está, la vida que tuve una vez.

Cuando esta sensación finalmente desaparezca echaré de menos despertarme de repente cuando el despertador marque las cuatro de la madrugada y escuchar un tenue ruido de tráfico, a los turistas borrachos cantando en un francés chapurreado de vuelta a sus casas, incluso a los vecinos de arriba que discutían bien entrada la madrugada. Echo de menos los sonidos que una vez me hicieron sentir tan pequeña, pero tan segura, en medio de esa ciudad.

París

«Echo de menos los sonidos que una vez me hicieron sentir tan pequeña, pero tan segura, en medio de esa ciudad».

(Artículo traducido por Irene Corchado)

Gracias por leer este artículo.

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